"Un solo metro cuadrado de tierra puede producir 30 kg de tomates al año, 100 cebollas en 120 días o 36 cabezas de lechuga cada 60 días" (Universidad de Oxford). Ese mismo metro cuadrado de tierra puede generar simultáneamente resultados sociales positivos como: desarrollo de habilidades, apoyo mutuo, cooperación, inclusión, cohesión social, bienestar y ciudadanía activa. Son frutos de la tierra y semillas para la sociedad.
La huerta urbana comunitaria es un activo de la comunidad que puede ayudar a dar forma a políticas verdes concretas centradas en el mejoramiento del territorio. Las huertas urbanas comunitarias son lugares innovadores que también pueden implementar políticas públicas vinculadas a la sostenibilidad. Pueden utilizarse como una herramienta local con la que el sector público puede aprender a relacionarse de forma solidaria para explotar su potencial.
Las organizaciones del sector privado que quieran implicarse en la responsabilidad social corporativa necesitan herramientas para comprender la integralidad del proyecto de huerta urbana comunitaria y el impacto que tienen en su zona, con el fin de apoyar financieramente a las huertas urbanas comunitarias en su desarrollo.
La gobernanza interna de las huertas urbanas comunitarias también necesita herramientas de evaluación objetivas que muestren dónde hay margen de mejora y pongan de relieve las posibles prioridades de desarrollo con el fin de lograr lo máximo posible en 6 ámbitos diferentes:
- Estética (diseño urbano)
- Medio ambiente
- Socioeducativo
- Económico
- Bienestar
- Interacciones entre las otras 5 áreas
Por estas razones, estamos trabajando a nivel internacional para construir un tablero de indicadores que permita a la huerta urbana comunitaria autoevaluarse y evaluar su impacto en su comunidad a través del llamado "método cuasi-experimental".